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el
Sol arrea su barroca (no,
rococó)
carroza
en
majestad; Mercurio
va
en bicicleta be-
hache, con
gorra de plato
y
saca,
por
la posta de los cielos,
repartiendo el
correo a los dioses mayores
*****
muchas
veces, cerca del perihelio, nos juntamos los amigos
en
mi casa,
en
la orilla del cráter, para una fiesta
de
pijamas
de
friquis
entretenemos
las horas (café
y cartas) y
salimos al porche con tiempo,
desperezándonos
amanece,
remonta el sol
un
poco
el
cielo,
y
se detiene, parece
que
se rasca la cabeza,
y
recula, desanda algo su camino,
como
si se le hubiese olvidado algo, las llaves
del
Chevrolet,
no
sé,
luego
sigue
pasamos
allí toda la semana, porque lo mejor viene
cuatro
días después,
que
con la mañanica el sol saca el cabezón un momento
y
se esconde luego
luego,
como
un toro miedosillo que buscara
otra
vez
el
chiquero,
y
sale
entonces
más
decidido,
a
ver
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