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“Iban a un Astrólogo bachiller, Planetario, tendero de los Planetas, y espiador de los movimientos celestiales, para que les levantase una figura…”

Francisco de Quevedo y Villegas, Casa de locos de amor

otra bachillería

aún:

me meto

a planetario, pasa

a mi desastrada botica celestial

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viernes, 9 de septiembre de 2016

6. cuentas no tan galanas


      dan a este planeta, que es, echado
Plutón
de su silla,
otra vez
el último,
todos los nombres del dios de los mares

        Neptuno fue, primero, cálculo, calculus,
digo,
una piedrecita
        arrojada a los cielos para que se ajustasen los números[1], era
        que si mirabas despacio las tablas que ordenaban la órbita de Urano
no salían las cuentas, las de Kepler,
las de Newton,
digo,
de modo que Adams, en su casa de la Cornualla,
y en su despacho, en Cambridge,
y Le Verrier, en sus oficinas de París,
entendieron,
desde las matemáticas,
un planeta ahí,
ahí

y ahí (justo
ahí)
lo encontró, el 23 de septiembre de 1846,
desde el Observatorio de Berlín,
Galle

Galileo,
borrico,
lo había apuntado en dos entradas de sus diarios
astronómicos,
pero pensó que fuera
estrella
       



[1] Diccionario de Autoridades.