dan a este planeta, que es,
echado
Plutón
de su silla,
otra vez
el último,
todos los nombres del dios de los
mares
Neptuno fue,
primero, cálculo, calculus,
digo,
una piedrecita
arrojada a los
cielos para que se ajustasen los números[1], era
que si mirabas
despacio las tablas que ordenaban la órbita de Urano
no salían las cuentas, las de
Kepler,
las de Newton,
digo,
de modo que Adams, en su casa de
la Cornualla,
y en su despacho, en Cambridge,
y Le Verrier, en sus oficinas de
París,
entendieron,
desde las matemáticas,
un planeta ahí,
ahí
y ahí (justo
ahí)
lo encontró, el 23 de septiembre
de 1846,
desde el Observatorio de Berlín,
Galle
Galileo,
borrico,
lo había apuntado en dos
entradas de sus diarios
astronómicos,
pero pensó que fuera
estrella